Déjenme que les diga una cosa. En confianza. Lo que más calienta el corazón de quien, como yo, hago fotografías dándole a la cámara y al ordenador, es que alguien observe las fotografías, imaginarias ó no, lo haga convencido de su existencia real y, en otros casos, al menos, le haga dudar y pensar. De esta forma, el fotógrafo, con mayor o menor fortuna, logró salvar la barrera entre lo verosímil y lo inverosímil ó mezcló ambas logrando una imagen -virtu(re)al-. Ésa, en mi opinión, es una de las grandes satisfacciones morales que puede obtener un autor de su trabajo. Comprobar que consiguió mezclar realidad y ficción, y hacerlo creíble, ó al menos, hacer pensar al observador.



Hoy en la nueva era electrónica de la información, existen aplicaciones que permiten trabajar la imagen con la misma flexibilidad con la que el escultor modela el barro.

martes, 17 de agosto de 2010

CÁDIZ, LA NOCHE TRÁGICA

De esta colección de fotografías he realizado una presentación en Power  Point que contiene  algunas fotografías más que las de esta carpeta y haciéndolas más atractivas con un fondo musical incorporado.
 Si deseas que te remita el archivo correspondiente, basta con que me lo solicite a través de e-mail a la  dirección que consta en mis datos personales. 






Minas submarinas que no llegaron a explotar.
Las 50 cargas de profundidad que explotaron tenían un explosivo rarísimo, obsoleto, hacía mucho tiempo que se encontraban fuera de servicio.



Grada de los Astilleros antes del 18 de Agosto de 1.947.






               El taller de maquinaria de los Astilleros.

El mismo taller después de la explosión.



Aquella noche el turno de trabajo estaba compuesto por 103 productores.
De ellos 25 murieron, 1 desaparecido y 52 resultaron heridos.




Un chalet de la Barriada de Bahía Blanca.



La Casa Cuna. Hogar del Niño Jesús.


Casa Cuna, fachada posterior.

Un pabellón del Instituto Hidrográfico de la Marina.

La Escuela Municipal del Barrio de San Severiano.

La techumbre de los almacenes del muelle fué destruída.

En los Depósitos francos, la metralleta también mordió techos y paredes.



La onda expansiva derribó las puertas de la Sta. Iglesia Catedral.
 
Considerables daños sufrió el Asilo de San José (Hermanita de los pobres), situado al otro extremo de la ciudad: al extremo opuesto del lugar de la catástrofe.


Este drama perdura en el tiempo con la consecuencia de 155 muertes oficiales y más de 800 damnificados.